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LA CABALLADA DE ATIENZA El castillo es la visión que permanece en la
retina de cualquiera que visite la villa de Atienza. Tras conocer su
historia algo más: La Caballada. Hay que remontarse al siglo XII
para encontrar sus raíces, a la niñez y orfandad de quien más tarde
reinaría como Alfonso VIII. Al momento en el que, tras las disputas por
su tutoría, el infante es llevado al amparo de la peña fuerte de
Atienza, donde los castellanos que trataban de mantener su soberanía
buscaron la forma de que el reino no pasase al vecino.
Su tío, Fernando
II, rey de León, ambicionaba el trono uniendo ambos reinos bajo su
corona. Una historia de disputas reales del medievo. Fueron los
arrieros de Atienza, uno de los gremios de la población los que, sitiada
la villa por el rey leonés, y a punto de perder Castilla su
independencia, y a su rey, idearon la manera de buscar la liberación del
chiquillo burlando al enemigo en uno de esos episodios que, cuenta la
tradición, cambió el rumbo de Castilla. Un día, hacía 1162, a punto
de amanecer (nos cuentan Francisco Layna), los arrieros, con el rey entre su carga, dejaron la villa
sin levantar sospechas hasta que, quienes custodiaban sus murallas,
quisieron comprobar que con ellos no marchaba Alfonso.
Cuenta la
tradición que les dieron alcance en las proximidades de la ermita de la
Estrella, y que los más diestros, el rey con ellos, continuaron camino
en tanto el resto entretenía el tiempo en danzar ante la patrona de la
ermita. Siete días después el rey Alfonso se encontraba al abrigo de
las murallas de Ávila. A partir de ahí la historia se llena de
pergaminos, privilegios y reconocimientos hacía una hermandad, y una
villa, que fue capaz de escribir una de las páginas memorables de aquel
tiempo. De entonces a hoy la historia se repite. Es domingo de
Pentecostés.
